LA PERSONA DESPERSONALIZADA
Algunas personas nos escandalizamos de la situación actual del mundo, muchos se escandalizan únicamente de la situación de su país sin llegar a notar que es el mundo entero quién está manifestando los mismos síntomas. Pocos relacionan la situación general con las pequeñas situaciones particulares. Un ejemplo de esto es que esta misma sociedad que se queja de la violencia es la misma que está pidiendo aborto legal y gratuito. Sus capacidades de reflexión no alcanzan para deducir que si el vientre materno ha dejado de ser el lugar más seguro del universo para cualquier persona, es completamente ilógico esperar que el resto del mundo lo sea. En esta ocasión no quiero enfocarme en el aborto, sino en otra cosa "menos" violenta, pero no menos agresiva.
Y es que hace algunos años comencé a quejarme, cuando un 15 de septiembre en familia nos juntamos para comer pozole y de paso ver el box. Recuerdo vivamente mi impresión, debido a que normalmente no veo televisión, la cantidad de anuncios entre la narración de la pelea. No solo son los anuncios que pasan entre secciones, sino que los narradores deportivos dentro de su mismo discurso insertan los comerciales.
Admito que me costaba comprender lo que decían, cuando te están hablando del hombre de pantaloncillo rojo y de repente te mencionan que en tal tienda tiene 50% de descuento en no sé qué.
Nosotros mismos, el mundo, hemos dejado de vernos como personas para mirarnos únicamente como cosas: "consumidores" , "objetivos".
Escribo en esta semana en la que he llegado al colmo de la frustración ante la avalancha de llamadas spam. He bloqueado por lo menos 150 números, y sé que en un plazo de dos o tres días, 150 números nuevos me marcarán. No importa que haya instalado una aplicación para rechazar esas llamadas. No importa que haya registrado mi número en aquella página del gobierno para que no te llamen. Hay un mundo de ociosos que no tienen otro objetivo que jorobarte todo el día por teléfono. A estos hay que añadir los que tienen como objetivo fastidiarte el escuchar música, mirar un tutorial en YouTube, cada vez que abres una aplicación cualquiera, pero especialmente aquella que te prometió que no tendría anuncios. No sé a ustedes pero a mí en ocasiones, en algunos momentos me resulta casi desquiciante. No es posible que ni siquiera un artículo puedas leer en internet, porque Google ya se encargó de saturarlo de anuncios. A los lados, en medio, en varias ventanas emergentes, etcétera.
Creo que la mayoría hemos tenido días en los que expresamos verbalmente que detestamos estos anuncios, y sin embargo es muy probable que nuestros negocios recurran también a esto.
Hace todavía algunos años, era ya desagradable llegar a tu casa y encontrar el equivalente a un bote de basura en volantes. Porque además los de Coppel, Soriana, etcétera no pueden dejar solo uno, tiene que dejar entre 2 y 4 igualitos, y sé que en este caso no son las empresas sino las personas encargadas de repartir los que quieren terminar temprano. Pero entonces en tu reja encontrabas o en ocasiones sigues encontrando, el volante de la tienda departamental, el de la pizzería, el de las asesorías, el de la farmacia, otra pizzería, otra farmacia, otra tienda departamental, la revista de anuncios...
Sospecho, que ya estarán planeando que mientras cocinas en la sartén te aparezca algún anuncio, quizá fabriquen ollas con anuncios, o cucharas con pequeñas pantallas para saturarte de spam. Refrigeradores con pantalla para ponerte más anuncios, pantallas externas e interiores, para no perder la ocasión. Probablemente tengamos licuadoras que reciban llamadas telefónicas para que los sociosos te llamen no solo al móvil sino a la licuadora, la aspiradora y la podadora de una vez.
Si el vientre materno no es el lugar más seguro, es porque dejamos de ver al nacituro como persona, esto de los anuncios no es poca cosa pues ya no es solo al nacituro sino a cualquiera de nosotros, y muy pronto a todos los vacunados, habiéndose instalado el transhumanismo, cada vez se nos tratará más como objetos esclavizados, si no me cree, chéquese la agenda 2030.
No sé si estamos a tiempo de hacer algo, cada vez tengo más claro que lo que tengo que hacer, es ser Santo, no espero nada del gobierno, no espero nada de ningún ser humano, pues aunque no espere nada de nadie, aún así todavía hay muchos que logran decepcionarme.
Google, Meta, etcétera, tiene como "maravilloso" objetivo, monitorear todas tus búsquedas, tus conversaciones, toda tu actividad en internet, para diseñar anuncios personalizados. ¡Qué ofertón! ¿Cómo hacerles entender que ya no quiero un anuncio más? No los quiero personalizados, simplemente no los quiero. No quiero que me llamen, no quiero que interrumpan mis videos de tutoriales, quiero que me dejen leer a gusto, quiero poder escuchar la música y tengo en mi teléfono, ver mis fotos, sin que estén 24/7 atormentándome con publicidad.
Momentos como este me hacen pensar: "bendita ignorancia". Ya sé, no es bendita, es parte del problema, Pero qué ¿Qué se puede esperar cuando la mayoría ni siquiera podrá leer esto pues tan solo el título ya les resulta demasiado texto?
¿Solución? Dudo que exista, la "masa" vive para comprar y probablemente sea el único que ve un problema en no ser tratado como persona. ¿Habrá detrás de esto una mente trastornada tratando mediante el consumismo de llevarnos al nuevo comunismo llamado agenda 2030?
¿Y usted qué opina?
MEJÓRAM
Conferencista católico.

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