EL ELEFANTE EN LA HABITACIÓN
Recuerda suscribirte al canal, reaccionar y compartir.
Imagina que vas caminando, no importa dónde, y de pronto —por increíble que parezca— ves ante ti un enorme elefante.
Es majestuoso, piensas para tus adentros.
Y de pronto, una voz te saca de tus pensamientos:
—Es fantástico —comenta alguien a tu lado.
—Sí que lo es —respondes con amabilidad.
—Bueno… pero no tanto —expresa alguien más.
Intentas dejarlo pasar. Son apenas las ocho de la mañana y no tienes deseos de discutir.
Pero entonces alguien pregunta:
—¿Qué es?
Y con naturalidad respondes:
—Es un elefante.
Al mismo tiempo, la persona a tu lado dice:
—Es un hermoso paquidermo.
Y aquel tercero levanta la voz, meneando la cabeza:
—Un paquidermo sí… hermoso, no tanto.
Hasta ahora no he mencionado nada sobre los cuatro ciegos —que todos sabemos que están ahí— pero que son de otro cuento.
Uno dice que un elefante es como un poste, otro que es como una soga… y así cada uno.
Pero hasta hace apenas dos minutos, los demás se supone que veíamos un elefante.
Sin embargo, ahora tenemos al parecer: un elefante, un paquidermo, un poste, una soga, una serpiente… y una multitud de tontos enredando la conversación.
Y lo que pasa es que ustedes no lo han notado, pero ya se han agregado otros personajes:
Un elefantólogo, un paquidermólogo, un YouTuber, un influencer…
Y entre los que coinciden en que es un elefante, empiezan las teorías:
Uno dice:
—Es un elefante africano.
Otro asegura:
—Sí, pero es un elefante africano de sabana (Loxodonta africana), el animal terrestre más grande. Qué lástima que ya no enseñen esto en las escuelas…
Otro interviene:
—No, es el elefante africano de bosque (Loxodonta cyclotis)… más pequeño, de selva, colmillos más rectos… pero claro, desde que el imperialismo no sé qué…
Y otro más, ya desesperado:
—Todos están equivocados, es un elefante asiático (Elephas maximus)…
No me pregunten qué tipo de orejas tiene el ejemplar.
No tiene importancia.
Cada uno las ve como quiere. La realidad… deja de importar.
Después de que todos hablaron al mismo tiempo, nadie entendió nada.
Bueno… nadie, excepto yo —que sigo pensando que es un elefante.
Y aquí es donde la cosa deja de ser chistosa.
Porque el problema no es que haya muchas afirmaciones.
El problema es no saber en qué nivel se está hablando.
Uno describe.
Otro clasifica.
Otro profundiza.
Otro abstrae.
Y ninguno necesariamente está equivocado.
El problema empieza cuando esas verdades —válidas en su nivel— se usan como pretexto para dividir.
Cuando en lugar de construir sobre la verdad… se compite por imponerla.
Cuando deja de importar el elefante… y empieza a importar quién tiene la última palabra.
Y entonces llegan más:
—Es un animal.
—Animal usted, esto es una bestia.
—Yo veo tres.
—Es un ser vivo.
Y uno más, iluminado:
—Son muchísimas células.
Y otro corrige:
—¿Células? Son átomos.
Y así, a cada instante, la opinión se divide… y se divide más… y se divide mejor.
Hasta que ya no hay verdad:
hay bandos.
Y aquí está el elefante en la habitación:
Hemos perdido el sentido común.
Nos cuesta reconocer lo evidente.
Nos incomoda decir: “esto es lo que es”.
Y peor aún:
hay quienes disfrutan dividir.
Les parece ingenioso.
Les parece brillante.
Les parece divertido.
A mí, sinceramente, me cuesta respetar al que se hace el chistoso dividiendo.
Porque no está buscando la verdad.
Está buscando protagonismo.
Y eso no es inteligencia.
Eso es ociosidad disfrazada de lucidez.
Pensar más no es el problema.
Pensar mal… sí.
No necesitamos menos inteligencia.
Necesitamos más orden.
Porque claro que el elefante es un animal.
Claro que está formado por células.
Claro que hay niveles de análisis.
Pero si no puedes empezar por decir: “es un elefante”…
todo lo demás está mal puesto.
Y aquí es donde muchos no quieren mirar:
Porque esto no es solo un problema intelectual.
Como dice San Pablo en la Epístola a los Efesios 6:
“Nuestra lucha no es contra la carne ni la sangre…”
Hay una inteligencia que divide.
Una brillantez que confunde.
Una agudeza que no construye… sino que fragmenta.
Y no viene de Dios.
Porque la verdad une.
El bien ordena.
Y la caridad construye.
Lo demás… dispersa.
Y por eso mismo, la Iglesia nunca fue solo consuelo.
También fue corrección.
Desde el primer siglo hubo herejías.
Y hubo respuesta.
Concilios.
Doctrina.
Claridad.
Porque una madre que no corrige… abandona.
Y aquí viene algo que incomoda a muchos:
Nos han enseñado a odiar la Inquisición.
A verla como símbolo de oscuridad.
Como si hubiera sido un capricho irracional.
Pero lo que casi nadie dice es que su función —bien entendida—
era precisamente poner orden donde la confusión comenzaba a dividir la verdad.
- Defender lo evidente.
- Corregir el error.
- Evitar que la mentira se disfrace de brillantez.
No se trata de negar errores históricos.
Se trata de entender la función.
Porque lo que sí es un error gravísimo…
es haber quitado la reja sin entender por qué estaba ahí.
Hoy esa función sigue existiendo —con otros nombres—
pero le hacemos el mismo caso
que al sereno de la esquina si pasara a decirnos la hora.
Y así estamos:
Sin corrección.
Sin autoridad.
Sin estructura.
Opinando… pero no aprendiendo.
Por eso no basta con “pensar”.
Hace falta volver a pensar bien.
Hace falta recuperar el amor por la verdad…
y también las herramientas para defenderla.
Hace falta volver a la claridad de la escolástica.
Al orden.
A la distinción.
A llamar a las cosas por su nombre.
Porque sin eso, todo se vuelve discutible…
y lo evidente desaparece.
Chesterton lo dijo de forma magistral:
no quites una reja hasta saber por qué está ahí.
Pero nosotros no solo quitamos la reja:
quitamos el terreno, el camino… y hasta el mapa.
Y luego discutimos si el elefante es una nube.
El elefante sigue ahí.
No se ha movido.
Lo único que cambió…
es nuestra capacidad de verlo.
Dios les bendiga, hasta la próxima.
Recuerda suscribirte al canal, reaccionar y compartir.
Mejóram
Conferencista católico
22/Jul/2026
¿Te atreves a invitarme a un café?
Para depósitos en OXXO:
4217 4700 3145 4032
Para transferencia interbancaria:
728969000054858304
Gracias por leer hasta aquí. Eso ya es un don.
Dios te bendiga hoy y siempre.
Con gratitud,
MEJÓRAM
Conferencista Católico

No hay comentarios:
Publicar un comentario